
La luna se esconde tras una nube, como si supiera lo que se les avecinaba a los pequeños seres humanos que dormitaban intranquilos en la fría frontera de su vida, después de todo, son solo soldados orgullosos, que no solo compraron el enunciado de “salvadores de la patria”, si no que además lo hicieron parte de si mismos,.
Pero a pesar de todo el entrenamiento no notaban que solo eran títeres de las cabezas imperialistas dominadoras de su libertad y de todo aquello que defendían.
Ellos no solo eran militares, también eran esposos, hijos, hermanos que mantenían en pie la esperanza de volver algún día a sus hogares y abrazar a sus seres amados; pero eso no les importaba a los mandamases, encandilados con el brillo arbitrario del dinero, se dejaban guiar por sus impulsos ambiciosos que los encaminaba por el sendero de la incertidumbre y provocaba una matanza mas carente de sentido.
Marionetas del estado, los soldados se lanzaron a la lucha, desconociendo lo que les deparaba el futuro.
Luego de un momento comenzó a llover, la luna se asomo desde su escondite y vio como ríos de sangre brotaban de las heridas de de sus hijos empujados a la lucha por gente que nunca entendió lo que significaba la fraternidad, la justicia o el amor. Asombrada por la incoherencia entre los gestos y actos de sus retoños, lagrimas comenzaron a brotar desde sus ojos, y lentamente a caer sobre el terreno infértil de los cadáveres combatientes; su llanto alimentado por la amargura provocaba que cada gota fuera mas acida que la anterior. Pero pronto entendió que todo era un intento inútil y patético de borrar una historia que dejo marcas muy profundas e imborrables.


